20 años de “Las Patronas”

Las Patronas

Las Patronas: 20 años después

Hace 20 años, empezó todo este episodio de nuestras vidas sin proponernos camino alguno, sin saber de su alcance, sin saber la urgencia, sin saber quiénes eran los que viajaban. Solo sabíamos que eran moscas, como aquí les decíamos a los que viajaban fuera del tren. La historia de Rosa y Bernarda ya la saben, ya la han escuchado en los periódicos, en la radio, en la televisión y en el cine. Quizás la historia que deberíamos contarles es la que siguió a ese primer encuentro, la historia que transcurre con cada tren, cada hermano y hermana migrante y la historia que como mujeres nos ha tocado vivir en esta labor. Mucho se dice de la ayuda que prestamos a los migrantes, pero lo cierto es que ellos también nos han ayudado en el camino. Gracias a la labor que realizamos hemos asumido una posición como humanas y como mujeres que no sabíamos ni pensábamos que pudiera hacer tanta diferencia.

Nila

Durante esta travesía los aprendizajes han sido muchos; hemos aprendido:

Que si uno responde al llamado de dios, las cosas fluirán pese a las dificultades;

Que cada acción cotidiana por muy pequeña que parezca, si se hace con amor y constantemente tendrá sus frutos.

Que la fé es algo que se vive y que debe transformarse en acciones;

Que las fronteras solo están en los mapas y en la imaginación, ¿en los pensamientos de las personas, en los límites que les han impuesto su vida cotidiana?

Que nadie puede, ni debe imponerte un lugar en el mundo;

Que la fuerza y la valentía deben siempre acompañarse de sensibilidad y amor. La una sin la otra resulta vacía, no sirve.

Que uno siempre puede hacer grandes cosas por sí mismo, pero acompañados y en colectivo, el mundo siempre pesa menos;

Que las mujeres podemos y debemos actuar por nosotras, y con ello se originan cambios para todos.

Que debemos armar las piezas que la vida nos ha dado, cualesquiera que sean.

Misa en La Patrona.

Misa en La Patrona.

Y la lista puede seguir y seguir y no parará. La verdad es que nada de esto sería posible, sino hubiésemos sido capaces de reconocer la vulnerabilidad en los rostros de las personas. Una acción que deberíamos emprender todos los días, no huir de nuestra responsabilidad por temor; es necesario enfrentarla. No voltear la mirada de los más vulnerables, sino reconocerla y comprometerte.

Mucho nos dijeron que no podíamos ayudar a los demás, que iríamos a la cárcel, que tendríamos que enfrentar a la justicia, por ser ilegal la ayuda que prestábamos. Lo único ilegal es dejar morir de hambre a otro ser humano. Nos dijeron que éramos mujeres enfrentando problemas que estaban fuera de nuestros alcances. Y sí, nuestra labor comenzó desde nuestra posición como mujeres de familias tradicionales, de costumbres que no permiten las acciones femeninas dentro del hogar y de tu pueblo, pasábamos los días cuidando, brindando amor a nuestras familias y fue justamente eso lo que nos dio el carácter para cuidar a muchas otras y otros. Pensando que cada uno de los hombres y mujeres en el tren eran parte de nuestra familia y que por lo tanto solo resulta natural cuidar de ellos.

Así, obtuvimos uno de los conocimientos más preciados a lo largo de estos 20 años: que ser mujer en nuestro país, no es una posición limitada como nos hicieron creer, al contrario, en nuestra sociedad, ser mujer debe ser un lugar de poder y posibilidades…infinitas posibilidades, todo en la medida en que nos permitamos extender nuestro amor de humanas, de hermanas, de esposas, de madres… tal como dios amó al mundo. Nos reconocimos como mujeres capaces de generar cambios, nuestra participación en decisiones de comunidad y problemáticas de nuestra sociedad no es solo necesaria, sino un asunto que abre puertas a espacios, de luchas, de sueños y expresiones de humanidad que no pueden aparecer más que en quienes se atreven a mirar más allá de su diario vivir y deciden amar.

Dios, creo al hombre y a la mujer y Él no nos enseñó a permanecer inmóviles ante las adversidades y desdichas del mundo, sino a combatirlas, no importando nuestras diferencias. Dios nos dio libertad y es una poderosa libertad.

Es por todo esto, que esta es una fiesta en honor a dios y a los migrantes. Celebremos la vida y el amor, compartamos el pan, cantemos con la esperanza de que un país mejor es posible.

Y a esta fiesta estamos invitados todos, donde todos tenemos la libertad y el derecho a migrar con dignidad. Una fiesta que los migrantes hacen florecer a cada paso que dan en busca de un sueño. Un sueño de bienestar para hijos, familia, amigos, pueblos. Pero ahora esa fiesta la tiene que llevar a lugares alejados de su tierra, de sus orígenes y de su historia. Aquí han dejado un pedacito de esa fiesta y que la compartimos con todos ustedes, colaboradores, voluntarios, madres, hermanos, vecinos.

Con los músicos invitados. Foto: Javier García/SacBé Producciones

Con los músicos invitados. Foto: Javier García/SacBé Producciones

No dejemos de caminar y de soñar, hagamos de ese sueño una realidad. Creciendo y descubriendo. No somos un tema moral, somos un tema social.

Todas y todos somos personas necesarias, sigamos caminando. Nosotras no pararemos.

Atentamente:

Leonila Vazquez, Norma Romero, Antonia Romero, Julia Ramirez, Karla Aguilar, Rosa Romero, Bernarda Romero, Tere Aguilar, Lorena Aguilar, Guadalupe Gonzalez, Mariela Najera.

Fotos de Iván Castaneira y Javier García/ SacBé Producciones

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Un pensamiento en “20 años de “Las Patronas”

  1. Pingback: Las Patronas, solidaridad desde lo profundo del corazón | Otro Ángulo

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